La exposición Arte sacro italiano del siglo XX de los Museos Vaticanos marca la primera colaboración histórica entre los Museos Vaticanos, dirigidos por Barbara Jatta, y el Museo Diocesano de Barcelona, dirigido por monseñor Robert Baró i Cabrera. Por primera vez se presenta al público un amplio y valioso conjunto de obras procedentes de la Colección de Arte Moderno y Contemporáneo de los Museos Vaticanos. Para la ocasión, que constituye una nueva edición de la exposición celebrada en el Museo Diocesano Carlo Maria Martini de Milán en 2022, se han seleccionado algunas de las pinturas y esculturas más representativas del arte sacro italiano del siglo XX, realizadas por maestros de fama internacional como Mirko Basaldella, Felice Carena, Carlo Carrà, Pericle Fazzini, Salvatore Fiume, Gerardo Dottori, Renato Guttuso, Marino Marini, Giacomo Manzù, Francesco Messina y Fausto Pirandello, así como por autores menos conocidos entre el gran público, pero de gran relevancia, como Aldo Carpi, Giuseppe Montanari y Antonio Giuseppe Santagata. El tema central de la exposición es la figura de Cristo, varón de dolores y, por ello, contemporáneo de todo ser humano en cualquier época de la historia.
La exposición —comisariada por Rosalia Pagliarani, del Departamento de Arte del siglo XIX y Contemporáneo de los Museos Vaticanos, con la colaboración de c2c Exhibitions a través de sus directores, Helena Alonso y J. Óscar Carrascosa— reafirma la gran vocación internacional de los Museos Vaticanos, comprometidos desde hace décadas con la organización de exposiciones en el extranjero, con el objetivo específico, en esta ocasión, de promover la misión de la Colección de Arte Moderno y Contemporáneo y difundir, a través de la belleza, la fuerza del mensaje espiritual que encierra el arte sacro del siglo XX. El catálogo de la exposición está a cargo de Francesca Boschetti, responsable del Departamento de Arte del siglo XIX y Contemporáneo de los Museos Vaticanos, y de Rosalia Pagliarani.
El recorrido expositivo se articula en cuatro salas.
Sala 1. Crucifixiones en diálogo:
A lo largo del siglo XX, el tema de la Crucifixión fue con frecuencia, para muchos artistas, fuente de inspiración creativa y reflexión. Son, en particular, los años comprendidos entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial los que hacen resurgir la figura de Cristo crucificado como símbolo del martirio y del sufrimiento de los pueblos desgastados por los conflictos. Los artistas abordan así un tema propio de la tradición, aunque lo interpretan de acuerdo con su sensibilidad y sus inclinaciones estilísticas. Gerardo Dottori recurre a la descomposición futurista, mientras que Renato Guttuso emplea un lenguaje de tonos más crudos y realistas. Para Marino Marini, la Crucifixión es uno de los leitmotivs de las obras que realiza durante los años de guerra, interpretada mediante un estilo más complejo y patético o a través de líneas simplificadas de gran impacto visual. Por último, Aldo Carpi ofrece una reflexión sobre las víctimas de las brutales guerras de ocupación colonial.
Sala 2. Narración y diálogo con la tradición artística del pasado:
Los temas evangélicos constituyen una valiosa fuente de inspiración para los artistas del siglo XX. Autores como Felice Casorati, Salvatore Fiume y Giuseppe Montanari proponen una meditación espiritual y formal en la que los episodios de la vida de Cristo adquieren distintos valores simbólicos y se interpretan según la sensibilidad individual. Estos artistas interrogan el drama sagrado buscando un diálogo con la tradición renacentista. Si, en la comparación entre el gesto silencioso de Giuseppe Montanari y la inquietud de Felice Casorati, ambos centrados en el episodio del beso de Judas, emerge una tensión entre el lirismo y la experimentación técnica, la obra de Salvatore Fiume desplaza el foco hacia la crueldad del ser humano con sus semejantes. Desde un punto de vista interpretativo, estas obras maestras proponen una reflexión sobre la persistencia de un dolor que, incluso siglos después, resulta de plena actualidad por ser profundamente humano.
Sala 3. Mirko y Manzù entre el presente y la universalidad del dolor:
Es frecuente que los artistas encuentren inspiración para su arte en acontecimientos cotidianos y en episodios autobiográficos. Es el caso de Giacomo Manzù, ferviente antifascista, quien, durante los años más oscuros de la dictadura fascista, se dedica al tema de la Pasión de Cristo y crea obras de intensa denuncia política y social. A través de la Crucifixión, Manzù reelabora también recuerdos personales de juventud, con especial referencia a los años en que se dedicaba a tallar pequeñas obras de uso funerario. La actualidad es una fuente constante de reflexión e inspiración, como sucede con el artista Mirko Basaldella: tras trasladarse a Estados Unidos a finales de la década de 1950, Mirko rinde homenaje a Martin Luther King Jr. poco después de su brutal asesinato. El tema de la cruz y del sacrificio de Cristo se convierte, por tanto, en símbolo del eterno sufrimiento humano y, al mismo tiempo, de su posibilidad de salvación y redención.
Sala 4. Reconciliar lo sagrado con la condición humana:
Mediante técnicas y lenguajes heterogéneos, algunos maestros intentan superar la mera narración de los acontecimientos bíblicos, actualizándolos y convirtiéndolos en una expresión profundamente ligada a su tiempo. Cristo ya no es únicamente un icono lejano y hierático, sino que se acerca a la imperfección humana y encarna sus miedos y esperanzas. Si la monumental Resurrección de Fazzini transforma el drama en un triunfo de energía vital, las Piedades de Carrà y Messina, o la Mano del Crucificado de Guttuso, ahondan en los pliegues de la fragilidad sin perder su fuerza comunicativa. Del mismo modo, Carena, Pirandello y Santagata aíslan la figura humana y la ponen en relación con el tema de la soledad, uno de los rasgos característicos del existencialismo del siglo XX.
La exposición estará abierta al público a partir del 24 de septiembre de 2026.


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