EL VERDADERO RETO DEL INVERSOR PRIVADO ES APRENDER A REPARTIR EL RIESGO
Miguel Ángel Rodríguez Caveda, CEO de BeHappy Investments

Uno de los errores más habituales cuando se empieza a invertir en startups es pensar que tener participaciones en varias compañías equivale automáticamente a contar con una cartera diversificada. No es así. Un inversor puede haber entrado en diez proyectos diferentes y, sin embargo, estar asumiendo prácticamente el mismo riesgo si todos dependen de una tecnología similar, operan en mercados muy próximos o necesitan unas condiciones financieras parecidas para crecer.

Los datos del mercado español permiten comprobar hasta qué punto la concentración importa. Según el Observatorio de Startups de la Fundación Innovación Bankinter, durante el primer semestre de 2026 se invirtieron 2.059 millones de euros en startups españolas. Sin embargo, solo once megarrondas concentraron 1.197 millones, el 58% de todo el capital movilizado durante esos seis meses. Cuando se excluyen esas grandes operaciones, el volumen invertido se reduce a 862 millones y cae un 9% respecto al mismo periodo anterior.

Aunque estamos hablando del mercado en su conjunto y no de la cartera de un inversor particular, la lectura resulta útil. El volumen agregado puede transmitir una impresión determinada y ocultar que buena parte del resultado depende de unas pocas operaciones. En una cartera privada puede ocurrir algo parecido. Tener muchas participadas no significa necesariamente haber distribuido correctamente el riesgo.

Esta realidad está relacionada con otra característica fundamental de la inversión en compañías no cotizadas. Los retornos son extremadamente desiguales. Un análisis publicado en 2026 por la Angel Capital Association señala que aproximadamente el 70% de las inversiones ángel devuelve menos capital del inicialmente invertido, mientras que una pequeña proporción de operaciones extraordinarias genera entre el 70% y el 85% de las ganancias totales de las carteras analizadas.

Este dato ayuda a entender por qué construir una cartera no consiste en acertar siempre. En una clase de activo donde unas pocas compañías pueden explicar gran parte del retorno final, concentrar demasiado capital en un número reducido de apuestas incrementa enormemente las consecuencias de equivocarse. Diversificar consiste, en buena medida, en aceptar desde el principio que no todas las inversiones tendrán el mismo recorrido.

Uno de los primeros aspectos que conviene analizar es la concentración sectorial. Es fácil dejarse llevar por industrias que atraviesan momentos de enorme popularidad. Cuando un sector atrae capital, aparecen proyectos, crecen las expectativas y aumenta la sensación de que quedarse fuera implica perder una oportunidad. El problema surge cuando una parte excesiva de la cartera termina dependiendo de que esa tendencia continúe.

La inteligencia artificial ofrece actualmente un buen ejemplo. El informe State of European Tech elaborado por Atomico señalaba que en 2024 el 23% de la financiación europea en operaciones inferiores a cinco millones de dólares ya se dirigía a compañías relacionadas con inteligencia artificial y aprendizaje automático. En 2015, esa proporción era del 12%.

El aumento demuestra el enorme interés que despierta esta tecnología, pero también recuerda algo importante para cualquier inversor. Cuanto mayor es la exposición a una tendencia, más necesario resulta diferenciar entre participar en ella y construir una cartera dependiente de ella. La IA puede transformar numerosos sectores y generar grandes compañías, pero eso no convierte automáticamente en diversificada una cartera formada por distintas startups que comparten la misma dependencia tecnológica. Diversificar significa precisamente evitar que todas las inversiones necesiten que se cumpla el mismo escenario.

También importa la fase de desarrollo de cada compañía. Una empresa que acaba de validar su producto no presenta el mismo perfil que otra que ya genera ingresos de manera recurrente y dispone de una estructura comercial consolidada. Las primeras pueden ofrecer recorridos extraordinarios, pero también concentran mayor incertidumbre. En las compañías más maduras existe más información para analizar el comportamiento del negocio y su capacidad para sostener el crecimiento.

El mercado español mantiene además una elevada presencia de proyectos tempranos. En el primer semestre de 2026, 127 de las 193 operaciones contabilizadas por el Observatorio de Startups correspondieron a fases PreSeed y Seed. Es decir, aproximadamente dos de cada tres operaciones se realizaron en las etapas iniciales del desarrollo empresarial.

Para un inversor privado, concentrar toda la cartera en esta parte del mercado supone asumir simultáneamente riesgos vinculados a la validación del producto, la financiación futura y la capacidad del equipo para ejecutar el crecimiento. Incorporar compañías en diferentes momentos de madurez puede ayudar a distribuir parte de esa incertidumbre. Pero tampoco se trata de aplicar una fórmula matemática. Invertir en distintos sectores o etapas solo tiene sentido cuando cada compañía supera por sí misma el análisis de inversión.

Existe además una forma de concentración menos evidente. Varias empresas pueden pertenecer a industrias distintas y depender, sin embargo, de las mismas condiciones para funcionar. Negocios cuyo crecimiento exige sucesivas rondas de financiación pueden compartir un riesgo importante aunque uno opere en educación y otro en salud. Lo mismo ocurre con compañías excesivamente dependientes de determinados canales de adquisición o de estructuras con un elevado consumo de caja.

Por eso, diversificar exige estudiar también cómo genera dinero cada empresa y cuánto capital necesita para avanzar. La recurrencia de los ingresos, la capacidad de retener clientes o la eficiencia con la que se utiliza el capital permiten entender mejor qué tipo de riesgo estamos incorporando.

Diversificar bien no significa invertir más veces. Significa evitar que todas nuestras inversiones dependan de que ocurra exactamente lo mismo. Y en un mercado donde unos pocos proyectos pueden terminar explicando gran parte del retorno, gestionar correctamente esa incertidumbre no es una cuestión secundaria. Es una parte esencial del trabajo de invertir.

Escribe un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.