
El verano apenas acaba de comenzar y ha llegado acompañado de una primera ola de calor que ha batido récords de temperatura en buena parte del país. En estos días, buscamos el alivio donde podemos: ventiladores a máxima potencia, sombra en cada esquina, ropa ligera… Pero hay algo que muchas veces olvidamos y que juega un papel fundamental en cómo nos adaptamos y nos cuidamos en condiciones extremas: la alimentación.
Comer bien cuando el calor aprieta, más que una cuestión de apetito o preferencias, es una necesidad real del cuerpo. Elegir correctamente lo que comemos y bebemos puede marcar la diferencia entre pasar el día arrastrando fatiga o mantenernos activos, hidratados y con buen ánimo.
Hidratarnos más allá del agua
Aunque no hay duda de que el agua es la mejor bebida para mantener la hidratación, existen otras alternativas que pueden ayudarnos a reponer líquidos y electrolitos, sobre todo cuando las temperaturas se disparan. Por ejemplo, las infusiones frías o el agua con gas pueden ser una opción refrescante y saludable, siempre que no tengamos patologías limiten su consumo.
¿Y la cerveza 0,0? Esta bebida que cada vez está ganando mayor popularidad, aunque no deshidrata como lo haría una con alcohol, no debe sustituir al agua. Contiene azúcares, gas y aditivos que pueden generar hinchazón. Algo similar ocurre con el café: en cantidades moderadas no tiene por qué afectar significativamente, pero no conviene abusar, sobre todo si nos encontramos ya en un estado de deshidratación.
Alimentos que hidratan desde dentro
Las frutas, ya sea melón, sandía, albaricoques, cerezas o cualquier otra, así como verduras como el pepino, el tomate o la lechuga, no solo aportan agua sino también vitaminas y minerales esenciales. Además, platos tradicionales como el gazpacho o la vichyssoise combinan ingredientes ricos en agua con nutrientes beneficiosos, convirtiéndose en aliados perfectos en estos días de calor.
También es recomendable apostar por alimentos que cuiden la piel, con vitamina C, betacarotenos y ácidos grasos omega 3, presentes en alimentos como el aguacate, el salmón, las zanahorias o el mango. Y es que estos no solo ayudan a mantener una piel más hidratada, sino que también refuerzan el sistema inmune y regulan los niveles de inflamación.
Errores habituales que cometemos con el calor
Uno de los errores más comunes es abusar de comidas copiosas o de alimentos muy salados, azucarados o picantes. Este tipo de ingredientes pueden favorecer la deshidratación y generar un estrés añadido al organismo. Tampoco deberíamos caer en el mito de que cualquier bebida fría es sinónimo de hidratación: muchas opciones del mercado, especialmente refrescos y bebidas energéticas, provocan el efecto contrario.
Incluso la temperatura del agua cuenta. Beber agua excesivamente fría (a 4 o 5 grados) obliga al cuerpo a realizar un esfuerzo para igualar la temperatura interna, lo que, paradójicamente, puede generar aún más sensación de calor.
Durante una ola de calor, y especialmente en personas más vulnerables –como mayores, niños o quienes padecen enfermedades crónicas–, mantener unas pautas alimentarias adecuadas es esencial. No se trata de hacer grandes cambios, sino de incorporar gestos sencillos como mantener una buena hidratación, consumir alimentos frescos, elegir preparaciones ligeras y no olvidar el aporte de nutrientes clave.
En este contexto, contar con el acompañamiento de profesionales puede ser muy útil. Para ello, en Nootric trabajamos con planes nutricionales personalizados diseñados por nuestro equipo de expertos, que permiten adaptar la alimentación a las condiciones de cada estación y a las necesidades de cada persona, también cuando el calor se convierte en un desafío para el cuerpo.
Cuidarse en verano no es solo buscar sombra o ponerse crema solar. También se trata de escuchar al cuerpo y saber alimentarlo para que funcione al ritmo que marca el clima. Y, si lo hacemos bien, es posible pasar el verano sintiéndonos bien.


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