SEMANA SANTA: HISTORIA, TRADICIÓN Y DEVOCIÓN EN LAS CALLES.

Un recorrido por el origen, la evolución y la tradición de una celebración que cada año transforma las calles en espacios de fe, arte y memoria.

Aunque muchas veces asociamos la Semana Santa a la gastronomía —torrijas, huevos de Pascua, crespells, empanadas, robiols, cocarrois o el tradicional frit de Pasqua mallorquín—, nos encontramos ante un periodo del año en el que la tradición va mucho más allá de la mesa.

En numerosos lugares del mundo se rememoran los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, el rabino de Galilea cuya historia recogen los Evangelios. La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos, que conmemora su entrada en Jerusalén, y culmina con el Domingo de Resurrección. Es, en esencia, un tiempo en el que la fe cobra fuerza y se traslada a las calles a través de las procesiones.

En España, estas manifestaciones adquieren formas diversas: desde la sobriedad de Castilla y León hasta la intensa devoción andaluza. En Mallorca, ambas sensibilidades se combinan, dando lugar a una Semana Santa marcada por la austeridad y el recogimiento. Las imágenes salen de los templos para convertirse en una forma de catequesis viva, recordando unos hechos, que, según la tradición cristiana, ocurrieron hace más de dos mil años.

Más allá de la dimensión religiosa, la figura de Jesús sigue despertando interés incluso entre quienes no se consideran creyentes. Su mensaje, sencillo y directo, ha trascendido siglos, hasta el punto de poder considerarlo —con una mirada contemporánea— uno de los comunicadores de la Historia.

Desde el punto de vista histórico, una de las primeras referencias a la Semana Santa aparece en las Constituciones Apostólicas, redactadas entre los siglos III y IV, donde ya se establece el ayuno y la abstinencia el Viernes Santo.

Durante la Edad Media, las celebraciones estuvieron estrechamente vinculadas a las cofradías, muchas de ellas formadas por gremios. Estas asociaciones no solo tenían una función religiosa, sino también social y asistencial. En Palma, por ejemplo, destacaban devociones al Sant Crist dels Boters promovido por el gremio de fabricantes de botas de vino, o el Sant Crist dels Picapedrers vinculado a los canteros.

Las cofradías podían ser de distintos tipos: piadosas, constructivas, benefactoras, gremiales, religiosas-políticas o penitenciales. Estas últimas, surgidas en el Concilio de Trento y la Contrarreforma, impulsaron las procesiones tal y como las conocemos hoy: expresiones públicas de fe que buscaban reforzar la identidad católica.

En este contexto, las procesiones se consolidaron como una manifestación que combina religión, cultura y arte. Los llamados “pasos”, que representan escenas de la Pasión, son auténticas obras artísticas que, durante estos días, abandonan las iglesias para recorrer las calles. No exagerado afirmar que, en Semana Santa, el arte cobra vida fuera de los templos

Algunas procesiones son consideradas como “Fiesta de Interés Turístico” entre las que destacan: Sevilla, Malaga, Zamora, Valladolid, Murcia, Calanda —con su emblemática tamborrada— o Toledo.

En Mallorca, destacan especialmente las procesiones de Palma, donde sobre salen imágenes como la Mare de Deu de l’Esperança, la Mare de Deu de la Salut, la Verónica, el Crist de l’Agonía y, sobre todo, el Crist de la Sang, cuya procesión del Jueves Santo es una de las más multitudinarias.

El Viernes Santo adquiere un carácter particularmente solemne. En distintas localidades se celebran los Devallaments, representaciones del descendimiento de Cristo, como en Felanitx o Pollença. En Palma, el Vía Crucis en las escalinatas de la Catedral, inspirado en la obra de Llorenç Moyá, y el tradicional Sermó de les Set Paraules preceden a una procesión marcada por el silencio y el recogimiento.

En Menorca, la Semana Santa también se vive con intensidad. En Mahón, la Cofradía de la Sang organiza cada Jueves Santo la procesión del Silenci, mientras que el Viernes Santo tiene lugar el Sant Enterrament, uno de los actos más concurridos. En Ciutadella, centro espiritual de la isla, se celebran los oficios con la bendición de los santos oleos y la procesión del Santo Entierro.

A modo de reflexión final, mientras la Navidad ha ido cediendo terreno al consumo, la Semana Santa mantiene en gran medida su carácter sobrio y espiritual. Más allá de creencias, sigue siendo un tiempo que invita a detenerse, observar y reflexionar sobre el legado de Jesús, una figura cuya influencia ha atravesado siglos y cultura.

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