
Con la llegada de la primavera, muchas personas experimentan síntomas como cansancio, falta de energía, alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse o cambios en el estado de ánimo. Aunque popularmente se habla de “astenia primaveral”, los expertos se refieren a ello como un proceso de adaptación del organismo a los cambios estacionales, en el que influyen variables como el aumento de horas de luz, las variaciones de temperatura y los cambios en las rutinas diarias. Estos factores pueden afectar a los ritmos circadianos y a la regulación de hormonas como la melatonina, el cortisol o neurotransmisores como la serotonina, implicados en el descanso, la energía y el bienestar emocional. “En consulta vemos cómo este cambio de estación puede generar desregulación tanto a nivel físico como emocional. No es solo cansancio: muchas personas también experimentan más ansiedad, apatía o cambios en el apetito”, explica Paula Gisbert, nutricionista especializada en psiconutrición y creadora de Lanodieta. La evidencia científica ha mostrado que factores como la exposición a la luz, el sueño, la alimentación y el estrés influyen directamente en la capacidad del organismo para adaptarse a estos cambios. Ante este contexto, las expertas comparten 5 claves nutricionales y psicológicas para favorecer una mejor adaptación en primavera:
- Mantener una alimentación suficiente y estructurada Durante los cambios estacionales, el organismo requiere estabilidad. Una ingesta insuficiente o irregular puede afectar a los niveles de energía, la concentración y la regulación emocional. Diversos estudios han relacionado el déficit energético y las ingestas desorganizadas con mayor fatiga, irritabilidad y mayor vulnerabilidad al estrés. Mantener una alimentación regular y suficiente, que incluya hidratos de carbono, proteínas y grasas, contribuye a sostener la energía a lo largo del día.
- Priorizar la exposición diaria a la luz natural La luz es uno de los principales sincronizadores del ritmo circadiano. La evidencia ha demostrado que la exposición a la luz natural influye en la regulación del ciclo sueño-vigilia y en la producción de serotonina, relacionada con el estado de ánimo. Se recomienda exponerse a la luz natural al menos 20-30 minutos al día, preferiblemente en las primeras horas del día.
- Cuidar el descanso y los ritmos de sueño Los cambios de horario y el aumento de horas de luz pueden alterar la calidad del sueño. Dormir mal tiene un impacto directo en la energía, la regulación emocional y el apetito. Mantener horarios regulares, reducir la exposición a pantallas por la noche y favorecer rutinas de descanso consistentes puede facilitar la adaptación del organismo en este periodo.
- Ajustar las expectativas y reducir la autoexigencia Es frecuente interpretar el cansancio o la falta de energía como falta de motivación, lo que puede aumentar la autoexigencia y el malestar. “Muchas personas sienten que deberían estar más activas con la llegada del buen tiempo, pero el cuerpo puede necesitar tiempo para adaptarse. Escuchar esos ritmos es parte del proceso”, señala Gisbert. Desde la psicología, se ha observado que la autoexigencia elevada y el estrés percibido pueden amplificar la sensación de fatiga y dificultar la adaptación a cambios fisiológicos.
- Apostar por una alimentación variada que apoye la función neurológica Algunos nutrientes participan en procesos relacionados con la energía y el estado de ánimo, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 o aminoácidos como el triptófano. No obstante, los expertos insisten en que no existen alimentos o nutrientes aislados capaces de resolver estos síntomas, sino que es el patrón dietético global —variado, suficiente y equilibrado— el que contribuye a una mejor adaptación del organismo. Aunque estos síntomas suelen ser transitorios, si persisten en el tiempo o interfieren en la vida diaria, es recomendable consultar con un profesional. En el contexto del cambio de estación, los expertos coinciden en la importancia de adoptar un enfoque integral de la salud, que tenga en cuenta tanto los factores fisiológicos como los emocionales. Pequeños ajustes en la alimentación, el descanso y la gestión del estrés pueden facilitar una transición más amable hacia la primavera.
Más información y recursos sobre este enfoque en: La No Dieta Un tema de creciente interés para lectores saturados de consejos que prometen bienestar, pero no se sostienen en el tiempo.


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