ACTRIZ, DIRECTORA Y REFERENTE DEL TEATRO SOCIAL EN ESPAÑA, BLANCA MARSILLACH HA PASADO POR MALLORCA CON “TE LO PONEMOS FÁCIL”, UNA OBRA QUE ABORDA, DESDE EL HUMOR Y LA SENSIBILIDAD, LOS RETOS DE LAS PERSONAS MAYORES FRENTE AL MUNDO DIGITAL. EN ESTA ENTREVISTA, REFLEXIONA SOBRE EL TEATRO, EL LEGADO DE SU PADRE Y LA VOCACIÓN DE UN OFICIO QUE SIGUE MUY VIVO.
Desde la Antigüedad, el teatro ha sido una de las grandes artes escénicas que ha acompañado a la humanidad. Los autores griegos sentaron sus bases con tragedias como Edipo Rey, de Sófocles, o con los poemas épicos de Homero, como La Odisea, donde se narran las peripecias de Ulises en su regreso a Ítaca tras la Guerra de Troya, episodio relatado también en La Ilíada. A todo ello, se suma La Teogonía de Hesíodo, que explica el origen del cosmos y de los dioses del Olimpo.
Los romanos no dudaron en seguir la estela de los griegos y ampliaron los géneros teatrales con la tragedia, la comedia, el mimo —una imitación de la vida cotidiana—, la pantomima —danza dramatizada— y las atelanas, farsas populares de gran arraigo. Roma nos legó autores fundamentales como Virgilio, con La Eneida, u Ovidio, con obras tan influyentes como Las Metamorfosis o El arte de amar.
En Inglaterra surgió la figura de William Shakespeare, autor de algunas de las obras más representadas de la historia del teatro universal. Desde la historia de amor de Romeo y Julieta hasta el drama existencial de Hamlet, del que surge “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Junto a él, otros grandes dramaturgos como el ruso Antón Chéjov, autor de Tío Vania, ambientada en la Rusia rural de finales del siglo XIX, han marcado generaciones enteras de espectadores.
En España, el teatro cuenta con tradición igualmente sólida. Desde la Edad Media, con La Celestina de Fernando de Rojas, pasando por el Siglo de Oro, donde destacan autores como Lope de Vega —con Fuenteovejuna— o Pedro Calderón de la Barca y su obra cumbre La Vida es Sueño. Ya en el siglo XX, autores como Antonio Buero Vallejo, con Historia de una escalera, o Federico García Lorca, con títulos como La Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre, consolidaron un legado teatral de enorme valor.
En este recorrido histórico es imprescindible detenerse en Adolfo Marsillach, considerado por muchos como uno de los grandes referentes del teatro español contemporáneo. Su legado sigue vivo a través de su hija, Blanca Marsillach, actriz y directora, que continua apostando por un teatro comprometido con la sociedad. En esta ocasión, ha llegado a las Islas Baleares con “Te lo ponemos fácil”, una obra que, desde el humor y la cercanía, busca ayudar a las personas mayores a enfrentarse a las nuevas tecnologías. El espectáculo ha podido verse tanto en el Auditorio de Manacor como en el Autorio del Club Diario de Mallorca.
Desde Revista Plural, mantuvimos una amena conversación con Blanca Marsillach para hablar de esta obra y, al mismo tiempo, rendir un homenaje al teatro como herramienta cultural y social.
Juan Ramón Pons: “Te lo ponemos Fácil” Llega a Mallorca. ¿Cómo describirías este espectáculo y qué puede esperar el público?
Blanca Marsillach: “Es una experiencia pensada para las personas mayores, donde les ofrecemos una obra de teatro que aborda temas como la ciberseguridad, el mundo digital y la educación financiera. No nos engañemos, son asuntos complejos y, en ocasiones, poco atractivos, pero a través de la comedia intentamos hacerlos más cercanos y comprensibles.
Hace aproximadamente un año creamos esta obra porque muchos mayores nos trasladaban su sensación de soledad ante la rapidez con la que avanza la sociedad. La historia gira en torno a una abuela que acaba de enviudar y a su nieta, y a través de esa relación —y del magnífico texto de Alberto Velasco— vamos dando respuesta, escena a escena, a muchas de las preguntas que ellos mismos nos plantean.
Es una obra en la que las personas mayores se sienten acompañadas, porque ellos mismo dicen: “Somos mayores, pero no tontos”. Y además, hablamos de cuestiones que realmente les interesan y les afectan en su día a día”.
La pieza aborda el edadismo y las dificultades que muchas personas se encuentran frente a las nuevas tecnologías. ¿Cómo habéis construido esta crítica desde el humor y la sensibilidad?
“La idea parte de Alberto Velasco, actor, guionista y bailarin, reconocido en nuestro país con varios Premios Max. Él quiso trabajar pensando específicamente en las personas mayores y decidió abordar temas sociales desde una mirada delicada y cercana, tratando cuestiones como las finanzas o el mundo digital con mucho humor.
No debemos olvidar que la obra comienza desde un punto de partida dramático, ya que la abuela ha enviudado. Sin embargo, a partir de ahí el tono se vuelve más ligero y divertido. Alberto supo adaptar estos temas complejos y crear una química muy especial entre las protagonistas, logrando que el público se sienta plenamente identificado con ellas.
Para nosotros es muy satisfactorio generar ese impacto, porque nuestra compañía de teatro social lleva más de 25 años trabajando para convertirse en una herramienta de acompañamiento, concienciación y apoyo terapéutico para las personas mayores, ayudándoles a sentirse parte activa de la sociedad”.
Vienes con frecuencia a las Islas para diferentes proyectos ¿Qué significa para ti actuar en Mallorca?
“Llevábamos varios años sin regresar a las Islas. Recuerdo que una de las últimas veces fue con una obra de mi padre titulada “Una noche con los clásicos”, que escribió y representó antes de fallecer junto a Amparo Rivelles y María Jesús Valdés. Posteriormente la recuperé como protagonista y, hace poco, la realizamos una gira que nos trajo también a Palma.
En esta ocasión volvemos con “Te lo ponemos fácil” y, además, el pasado mes de noviembre ya estuvimos en las Islas con un programa titulado “Belcebú”, donde trabajamos la concienciación sobre la salud mental y el acoso escolar en los centros educativos. Fue una experiencia muy bonita y enriquecedora”.

Desde tu perspectiva ¿Cómo describirías la salud del teatro en España en este momento?
“Tras la pandemia, el teatro ha sufrido mucho. Con la aparición de tantas plataformas digitales, el público ya no acude tanto al teatro comercial, aunque es cierto que hay producciones que siguen colgando el cartel de “No hay billetes”.
Desde aquí quiero reivindicar que seria importante dar oportunidades a más actores y actrices, porque en teatro, al igual que en televisión o en cine, muchas veces siempre vemos a los mismos. En mi caso, tengo la suerte de trabajar tanto en España como en Estados Unidos, donde también desarrollo proyectos gracias a mi doble nacionalidad.
El público sigue acudiendo al teatro, pero la sociedad va muy rápido y muchas personas prefieren consumir series. Por eso creo que es fundamental cuidar el teatro: en España tenemos espacios espectaculares y referentes, pero necesitamos despertar el interés de la sociedad para que se sienta parte del espectáculo.
También es esencial enganchar a la juventud. Desde nuestra compañía de Teatro Social trabajamos para que los jóvenes se acerquen al teatro, porque además de entretener, el teatro educa”.
Shakespeare, Chejov, Calderón de la Barca, Adolfo Marsillach, Sófocles, etc. Grandes autores que marcan a generaciones ¿Imponen respeto cuando uno los interpreta o los dirige?
“Sí, imponen mucho respeto. Especialmente, las obras de mi padre, porque cada año intento continuar su legado a través de las funciones que él hizo. En la compañía hemos representado muchas de sus obras, como “Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”, que interpretamos junto a José Sacristán y Concha Velasco. Recuerdo verlos ensayar entre bambalinas; mi formación fue exquisita.
Estos textos imponen porque están muy bien escritos y porque detrás hay una enorme responsabilidad. Mi padre era muy exigente conmigo: me hacia pasar por varios castings porque consideraba que era necesario y quería que estuviera realmente preparada. Recuerdo coincidir con Concha Velasco, y otros grandes actores, y todos me decían que trabajar con él era un honor, aunque también era muy duro.
Carlos Hipólito[1]cuenta que cuando estaba en la Compañía Nacional de Teatro Clásico se equivocaban a propósito para que Marsillach los corrigiera, porque recitaba de una forma magistral y escribía de forma brillante. En “Una noche con los clásicos” aparece incluso actuando conmigo, en una recreación, recitando “Poderoso caballero don Dinero”.
Él solía decirme: “No te dediques a ser actriz porque no da dinero; mejor sé abogada o médica”. Pero yo fui rebelde, me fui a formarme a Los Ángeles y, afortunadamente, me fue bien”.
El instante en que se levanta el telón tiene algo de ritual ¿Qué sientes tú cuando miras por primera vez a la platea?
“Siento mucho respeto. No suelo ponerme nerviosa; antes de salir hago mis ejercicios de relajación para meterme en el personaje y disfrutarlo. Subirme al escenario, en cualquiera de sus formatos, es algo transformador: el escenario empodera.
Hay muchas personas que hacen teatro porque funciona casi como una terapia. Ese “gusanillo” nunca se marcha; siempre está ahí”.
¿Cuáles fueron tus inicios en la interpretación y dirección teatral?
“En la dirección, hace 25 años viví una etapa personal complicada y un grupo de mujeres me ayudó muchísimo. Quise devolverles ese apoyo creando mi compañía de Teatro Social, y fue un proyecto muy bonito. Mi intención era ofrecer un espacio seguro donde pudieran expresarse y hablar de sus problemas.
Mi primera obra como directora fue “Loca”, una pieza con la que buscábamos empoderar a las mujeres y darles voz.
Como actriz, una de mis primeras experiencias fue “Bodas de Sangre” de Federico García Lorca —otro grande en todos los sentidos—, un autor que impone por lo que representa. Allí coincidí con Emilio Gutiérrez Caba, y fue un autentico privilegio. En casa hubo siempre grandes actores y actrices, y yo aprendía tanto sobre el escenario como entre bambalinas observando como trabajaban”.
Has actuado en televisión, cine y teatro. ¿Hay un medio en el que te sientas más cómoda o que disfrutes de una manera distinta?
“El teatro es especial, diferente, porque es la base de todo actor y algo fundamental. Me gustaría mucho que existiera un espacio cultural en televisión donde pudiéramos hacer un programa de cartelera teatral, porque en la sociedad hay un gran desconocimiento sobre lo que se hace en nuestros teatros. Es algo que echo en falta, ya que ayudaría a dar visibilidad al teatro”.
Tu padre Adolfo Marsillach, marcó un antes y un después en la escena española ¿Qué recuerdos guardas de él?
“Personales todos… Aunque siempre recuerdo una anécdota muy divertida: venía mucha gente a casa a jugar a juegos de mesa y él era muy tramposo jugando al parchís.
También solía decirme “¿Con quién te quedarías con Cristina —mi hermana— o conmigo?” y él mismo respondía: “Contigo tendría una aventura y con Cristina me casaría”. Yo le contestaba: “¿Y si me porto bien?” Era muy coqueto y muy vivo, se buscaba las castañas por todos lados.
A nivel personal, vivimos una época muy bonita con mi madre, Teresa del Río, que fue Miss Mundo y todavía vive. Él se fue pronto por un cáncer de próstata, pero fue nuestro gran referente. Nos acercábamos a cotillear qué escribía, era duro y exigente, pero también una bellísima persona.
Además, me dio la oportunidad de debutar sobre el escenario. Recuerdo especialmente el homenaje que le hicimos en Almagro, donde vinieron Nuria Espert, la familia Merlo y tantos otros artistas que trabajaron con él. Eso demuestra que su legado sigue muy presente”.

Si un niño o una niña se acercaran diciendo, “Blanca quiero ser actriz” ¿Qué les dirías?
“Mi mayor consejo es que se formen, que estudien y que sean conscientes de que no siempre se triunfa. Hay muchos actores y actrices muy bien formados que, por muchas razones, no tienen trabajo. Puedes tener pocos de éxito durante años y después atravesar etapas en las que trabajas menos, y eso puede generar mucha desmotivación”.
Más allá de la formación del actor o la actriz, también se habla del talento o del “duende” ¿Qué papel juega ese algo intangible en el oficio?
“Juega un papel muy importante. Tengo un compañero que siempre pone el mismo ejemplo: cuando vamos a un colegio a hacer talleres de literatura para jóvenes, los niños están revoltosos; hay actores a los que no hacen caso, pero llego yo y sí.
Hay interpretes con un talento especial, como Emilio Gutiérrez Caba o Natalia Millán, que se adapta a cualquier papel, o Carlos Hipólito, a quien mucha gente reconoce por la voz en off de “Cuéntame” (sonrisas). Cuando detectas talento, lo admiras aún más y eso se nota”.
El actor o la actriz; a veces tiene la necesidad de quitarse la máscara y mostrarse como persona ¿Quién es Blanca Marsillach cuando no está sobre el escenario?
“Blanca es una chica muy casera, dedicada a cuidar de su perrita, que ha estado malita. Soy una persona muy entregada a la compañía y con ganas de ayudar a la sociedad.
Viajo mucho a Estados Unidos por trabajo y para ver a mis amistades. Soy deportistas porque tengo la espalda dañada y debo cuidarme. Soy una mujer muy trabajadora y me gusta ayudar a la gente que me importa. También me encanta ir al teatro en Madrid y, en definitiva, soy una persona normal”.
Desde Revista Plural queremos agradecer a Blanca Marsillach el tiempo que nos ha dedicado. Ha sido un verdadero honor poder mantener esta charla para hablar del teatro.
El diálogo con Blanca Marsillach conecta con otras voces del teatro que han pasado por Revista Plural, como la del actor mallorquín Jaime Pujol, con quien también reflexionamos sobre la escena, el oficio y el compromiso cultural.
Entrevista realizada por Juan Ramón Pons.
Blanca Marsillach fue entrevistada recientemente en Radio Balear, donde profundiza en su visión del teatro y en el teatro “Te lo ponemos fácil”.
[1] La voz en off de Carlitos en “Cuéntame como pasó”.


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