La dietista-nutricionista Paula Gisbert advierte de que intentar cambiar el cuerpo antes de las vacaciones rara vez mejora la imagen corporal y comparte cinco estrategias respaldadas por la evidencia para vivir el verano con mayor libertad.
Con la llegada del verano vuelven a aumentar los mensajes centrados en la “operación bikini”, las dietas exprés y la necesidad de transformar el cuerpo antes de las vacaciones. Sin embargo, la evidencia científica muestra que la insatisfacción corporal no solo afecta al bienestar emocional, sino que también se relaciona con un mayor riesgo de realizar dietas restrictivas, desarrollar una peor relación con la comida y experimentar más síntomas de ansiedad y depresión. Además, diversos estudios han encontrado que la comparación frecuente con ideales corporales, especialmente a través de las redes sociales, puede intensificar el malestar con la propia imagen.
Para Paula Gisbert, dietista-nutricionista especializada en psiconutrición, imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria, el problema no está en querer cuidar la salud o sentirse bien con uno mismo, sino en creer que primero hay que cambiar el cuerpo para empezar a disfrutar de la vida.
“Muchas personas llegan al verano pensando que, si consiguen adelgazar unos kilos, dejarán de sentirse incómodas. Sin embargo, en consulta vemos que la ansiedad corporal rara vez desaparece únicamente porque cambie el cuerpo. Lo que realmente marca la diferencia es cambiar la relación que mantenemos con él.”
Cada verano se repite el mismo patrón: personas que evitan ponerse bañador, rechazan salir en las fotografías, cancelan planes relacionados con la playa o la piscina, sienten culpa después de comer un helado o viven las vacaciones pendientes de compensar lo que comen. Conductas que, aunque parecen una forma de protegerse, suelen terminar reforzando el problema.
“Cuanto más intentamos controlar nuestro cuerpo, más espacio acaba ocupando en nuestra cabeza. Y cuanto más espacio ocupa, menos espacio dejamos para disfrutar de aquello que realmente importa.”
Lejos de buscar un cambio de mentalidad inmediato o promover mensajes de positividad corporal poco realistas, Gisbert propone empezar por pequeños cambios que ayuden a reducir la ansiedad y recuperar el protagonismo de las experiencias por encima de la apariencia.
Cinco estrategias para empezar a disfrutar del verano con menos ansiedad corporal
1. No esperes a tener otro cuerpo para empezar a vivir
Posponer un viaje, una fotografía, un baño en el mar o una comida con amigos hasta adelgazar solo hace que el cuerpo siga marcando el ritmo de tu vida.
“La pregunta no debería ser cuánto pesa tu cuerpo este verano, sino cuánto espacio está ocupando en tu vida.”
La investigación sobre imagen corporal muestra que la evitación mantiene el malestar a largo plazo. Cuanto más dejamos de hacer por miedo a nuestro cuerpo, más fuerte se vuelve ese miedo.
2. Pregúntate si tus decisiones las está tomando el miedo
Antes de cancelar un plan, taparte con la toalla o evitar la piscina, merece la pena hacerse una pregunta sencilla:
¿Realmente no me apetece… o tengo miedo de cómo puedan ver mi cuerpo?
Identificar cuándo es la ansiedad quien está tomando decisiones permite empezar a recuperar libertad y actuar de forma más coherente con aquello que realmente queremos vivir.
3. Deja de compensar cada comida
Intentar “quemar” un helado, restringir la comida al día siguiente o sentir culpa por disfrutar de una cena mantiene la idea de que hay alimentos que debemos ganarnos.
“Una alimentación saludable también implica poder disfrutar de una comida especial sin sentir que después hay que castigar al cuerpo.”
Sabemos que el ciclo de restricción y culpa suele perpetuar la preocupación por la comida y dificulta construir una relación flexible con la alimentación.
4. Reduce el tiempo que pasas evaluando tu cuerpo y comparándote
Mirarte constantemente al espejo, revisar una y otra vez las fotografías o comparar tu cuerpo con el de otras personas en la playa o en redes sociales rara vez hace que te sientas mejor.
Diversos estudios muestran que la comparación corporal frecuente aumenta la insatisfacción y alimenta la ansiedad. Reducir las conductas de comprobación corporal y revisar el contenido que consumimos en redes puede ser una herramienta muy útil para proteger la salud mental.
5. Cambia el foco de la apariencia a la experiencia
Al final del verano es poco probable que recuerdes cuánto pesabas o cómo se veía tu cuerpo en una fotografía.
Lo que probablemente recordarás será si te bañaste con tus hijos, si disfrutaste de un viaje, si compartiste una cena con amigos o si dejaste que la ansiedad corporal volviera a decidir por ti.
“No necesitamos querer nuestro cuerpo todos los días para empezar a vivir. Lo que necesitamos es dejar de esperar a sentirnos perfectos para permitirnos disfrutar.”
Para la especialista, sentirse incómodo con el propio cuerpo en determinados momentos es una experiencia relativamente frecuente. Sin embargo, cuando esa preocupación empieza a condicionar la alimentación, las relaciones sociales, las vacaciones o las decisiones del día a día, deja de ser una simple inseguridad para convertirse en un problema que merece atención.
“El objetivo no es dejar de tener inseguridades de un día para otro. El objetivo es que esas inseguridades dejen de decidir cómo vivimos nuestra vida.”



Escribe un comentario