La Llotja de Palma cumple 600 años formando parte del paisaje de la ciudad y del imaginario patrimonial de Mallorca. Más que un edificio, es un testigo silencioso de la evolución económica, social y cultural de la isla.
Situada en el Paseo Sagrera, debe su diseño a Guillem Sagrera, uno de los grandes referentes del gótico civil mallorquín. Su construcción comenzó en 1426 como sede del Colegio de la Mercadería, en un momento de gran dinamismo económico en el que Palma era un importante enclave comercial del Mediterráneo.
Las obras finalizaron en 1452, aunque Sagrera abandonó el proyecto en 1447 al ser llamado por Alfonso V para trabajar en el Castel Nuovo de Napoles. La Lonja quedó, así como una de las grandes joyas del gótico civil europeo.
Su arquitectura es singular: un espacio rectangular cubierto por bóvedas de crucería sostenidas por seis columnas helicoidales que evocan palmeras de piedra. Los escudos del Reino de Mallorca, del Gremio de la Mercadería y de la ciudad coronan un conjunto de gran simbolismo.
En su entrada, el Ángel de la Mercadería, atribuido al propio Sagrera, recuerda la importancia de este espacio como lugar de encuentro y defensa de los intereses comerciales de la ciudad.
A lo largo de su historia, el edificio ha tenido múltiples usos: sede mercantil, almacén, hospital en tiempos de epidemias, prisión e incluso sede del Parlament de les Illes Balears en los primeros años del autogobierno. Hoy es un espacio cultural que acoge exposiciones de gran relevancia.
Seis siglos después, La Llotja sigue siendo uno de los grandes símbolos de Palma, donde historia, arquitectura y memora urbana se entrelazan en un mismo espacio.
Revista Plural: Haz Negocios en el Colegio de Mercaderes de Palma
Ajuntament de Palma. Turismo. La Lotja


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