“UNO DE CADA TRES MAYORES EN EUROPA SIGUE PRESENTANDO SÍNTOMAS DEPRESIVOS”

“La depresión en mayores de 50 años tiende a ser persistente y sigue estando infradiagnosticada”, afirma Jorge Hugo Villafañe, coautor del estudio y profesor de Fisioterapia de la Universidad Europea de Madrid

“Las mejoras existen, pero si no se invierte en salud mental, el envejecimiento demográfico agravará el problema”

Un nuevo estudio ha analizado la evolución de la depresión en adultos mayores de 50 años en Europa entre 2004 y 2022, revelando una tendencia general positiva: la prevalencia ha disminuido de forma significativa en el conjunto del continente. Sin embargo, los investigadores insisten en que la mejora no es homogénea y que el reto sigue siendo grande. El trabajo ha sido desarrollado por profesionales de distintas disciplinas sanitarias, incluidos fisioterapeutas expertos en envejecimiento activo, un ámbito en el que la salud emocional, física y funcional están estrechamente interrelacionadas. “Aunque hay avances, uno de cada tres adultos mayores en Europa sigue presentando síntomas depresivos. Es una llamada de atención a gobiernos, profesionales sanitarios e instituciones académicas”, afirma Jorge Hugo Villafañe, coautor del estudio y profesor de Fisioterapia de la Universidad Europea de Madrid.

El estudio, que pone el foco en una población frecuentemente invisibilizada en los debates sobre salud mental, destaca que el envejecimiento conlleva riesgos particulares que no siempre se abordan de forma adecuada. “La depresión en mayores tiende a ser persistente y a menudo no se diagnostica, en parte porque muchas personas no verbalizan sus síntomas o los atribuyen al envejecimiento normal”, explica Villafañe.

Entre los factores que podrían explicar el descenso general de la depresión en las últimas dos décadas, el profesor apunta a una mayor conciencia social, la mejora de los sistemas de salud mental y la implementación de estrategias preventivas. “También ha cambiado positivamente la percepción pública sobre el bienestar psicológico de las personas mayores, algo impensable hace unos años”, añade el experto.

Uno de los hallazgos más llamativos es el descenso significativo de la prevalencia en los países del sur de Europa. “A pesar de haber tenido históricamente niveles elevados, esta región muestra una mejora que podría estar relacionada con políticas más activas, programas comunitarios y un refuerzo de las redes de apoyo social tras la pandemia”, señala Villafañe. No obstante, insiste en que las diferencias regionales evidencian también desigualdades estructurales en la aplicación de políticas públicas. “La inversión sostenida en servicios, el envejecimiento activo y las campañas de desestigmatización juegan un papel central”.

Aunque la tendencia es positiva, la tasa sigue siendo alta. En 2022, un 28,3% de las personas mayores presentaba síntomas depresivos. Ante esta realidad, el profesor de la Universidad Europea propone una serie de medidas prioritarias. “Es fundamental reforzar el cribado sistemático en atención primaria, promover el ejercicio físico, diseñar intervenciones para combatir la soledad no deseada y aplicar políticas integrales que atiendan también la dimensión emocional y social. Y hay que hacerlo con perspectiva de género, porque las mujeres mayores siguen siendo las más afectadas”.

Jorge Hugo Villafañe también advierte de que el contexto demográfico actual podría agravar la situación si no se actúa con anticipación. “El envejecimiento de la población sin políticas activas puede traducirse en un aumento silencioso de casos de depresión. Invertir hoy en salud mental para mayores es una forma de prevenir un problema de salud pública futuro”.

En cuanto a las líneas de investigación futuras, el profesor sugiere explorar el impacto positivo del ejercicio físico, el acceso digital y las redes de apoyo en la salud mental de los mayores. También considera fundamental comprender mejor las diferencias por género y por contexto sociocultural para diseñar políticas más específicas.

“Este estudio muestra una evolución positiva, sí, pero también deja claro que queda mucho por hacer. La salud mental en personas mayores debe seguir siendo una prioridad”, concluye Villafañe.

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