Especialistas alertan de un cambio silencioso en la presión estética: ya no basta con adelgazar o ponerse en forma; cada vez más jóvenes crecen creyendo que cualquier inseguridad física tiene una solución rápida y que el cuerpo siempre necesita una mejora
Cada verano se repite el mismo escenario. Redes sociales llenas de fotografías en bikini, cuerpos aparentemente perfectos, vídeos de “summer glow up”, consejos para “llegar al verano” y revistas que prometen la mejor versión de uno mismo en tiempo récord. Sin embargo, detrás de este fenómeno aparentemente inofensivo, profesionales de la salud advierten de un cambio preocupante: la presión estética ya no consiste únicamente en perder peso o hacer más ejercicio, sino en transmitir la idea de que cualquier aspecto del cuerpo susceptible de generar inseguridad puede —e incluso debe— corregirse.
“Antes hablábamos de la operación bikini. Hoy parece que el mensaje es mucho más amplio: si algo de tu cuerpo te incomoda, existe una solución para modificarlo. Hemos normalizado tanto determinados retoques e intervenciones estéticas que, en ocasiones, se comentan con la misma naturalidad que un cambio de peinado o un tratamiento de belleza. Y aunque eso puede reflejar una mayor accesibilidad y menor estigma, también debería hacernos reflexionar sobre por qué cada vez más personas sienten que necesitan corregir partes completamente normales de su cuerpo para poder gustarse o sentirse aceptadas”, explica Paula Gisbert, dietista-nutricionista especializada en relación con la comida e imagen corporal y fundadora de Lanodieta.
DEL AUTOCUIDADO A LA MODIFICACIÓN CORPORAL
Durante años, el discurso dominante antes del verano giraba en torno a las dietas exprés y al aumento del ejercicio físico con un objetivo eminentemente estético. Sin embargo, en los últimos años ha emergido una nueva realidad: tratamientos estéticos cada vez más accesibles, retoques normalizados en redes sociales y una exposición constante a estándares físicos altamente editados y homogéneos.
“No creo que estemos asistiendo a una sustitución absoluta del deporte o la alimentación por la cirugía estética, pero sí a un cambio de narrativa. Cada vez más personas contemplan la modificación corporal como una herramienta rápida para alcanzar el ideal físico, incluso antes de haber construido hábitos de autocuidado sostenibles o una relación sana con su cuerpo”, señala Gisbert.
La cuestión, según la especialista, no es demonizar la cirugía estética ni cuestionar las decisiones individuales, sino analizar el contexto social en el que estas se producen.
“El problema no es solo que existan intervenciones estéticas; es la facilidad con la que las hemos incorporado a la conversación cotidiana como respuesta casi automática a cualquier inseguridad. Cuando modificar el cuerpo se convierte en la solución esperable ante el malestar, dejamos de preguntarnos de dónde viene ese rechazo y qué mensaje estamos transmitiendo sobre lo que significa ser suficiente”, añade.
EL PAPEL DEL POSTUREO Y LAS REDES SOCIALES
El verano actúa como un auténtico escaparate. Las vacaciones, la playa o la piscina implican una mayor exposición del cuerpo y una intensificación de la comparación social. A ello se suma la presencia constante de contenidos relacionados con transformaciones físicas, rutinas extremas, tratamientos estéticos o imágenes cuidadosamente seleccionadas y editadas.
“La mayoría de jóvenes saben racionalmente que muchas imágenes están filtradas o retocadas. El problema es que, aun sabiéndolo, seguimos comparándonos con ellas y utilizándolas como referencia de cómo deberíamos vernos”, explica la especialista.
Esta exposición repetida puede contribuir a consolidar la idea de que existe una única forma válida de tener un cuerpo atractivo, saludable o digno de ser mostrado.
¿CÓMO PUEDE AFECTAR A LOS MÁS JÓVENES?
La adolescencia y la juventud son etapas especialmente sensibles a la comparación social y a la construcción de la propia identidad. Los especialistas alertan de que el impacto de estos mensajes puede ir mucho más allá de la apariencia física.
Entre las posibles consecuencias destacan:
- Mayor insatisfacción corporal y percepción negativa del propio cuerpo.
• Inicio cada vez más precoz de dietas restrictivas y conductas compensatorias.
• Incremento de la comparación constante con otras personas.
• Normalización de procedimientos estéticos como respuesta al malestar corporal.
• Asociación del valor personal con el aspecto físico.
• Mayor vulnerabilidad a desarrollar una relación conflictiva con la comida, el ejercicio o la imagen corporal.
• Evitación de planes sociales, playa o actividades por vergüenza hacia el propio cuerpo.
“Muchos jóvenes ya no crecen preguntándose cómo cuidarse o cómo sentirse bien, sino qué tendrían que cambiar de su cuerpo para gustarse más. Y esa diferencia es enorme”, afirma Gisbert.
¿QUÉ MENSAJE ESTAMOS TRANSMITIENDO?
Para los expertos, la cuestión no pasa por prohibir decisiones estéticas individuales, sino por reflexionar sobre el contexto en el que se producen y sobre los mensajes que estamos enviando a las nuevas generaciones.
“No deberíamos preguntarnos solo qué estamos enseñando a los jóvenes sobre cómo deberían verse, sino también qué les estamos enseñando sobre su valor. Si el mensaje constante es que siempre hay algo que corregir para ser más aceptado, más atractivo o más exitoso, crecerán creyendo que nunca son suficientes”, advierte Gisbert.
SEÑALES DE ALERTA PARA FAMILIAS Y ENTORNOS EDUCATIVOS
Los especialistas recomiendan prestar atención a determinadas conductas que pueden indicar un malestar significativo con la imagen corporal:
- Comentarios frecuentes de rechazo hacia el propio cuerpo.
• Revisarse constantemente en el espejo o evitar mirarse por completo.
• Evitar actividades sociales o deportivas por vergüenza corporal.
• Seguir perfiles que generan malestar o alimentan la comparación constante.
• Pensar que la felicidad o la confianza llegarán únicamente tras cambiar el aspecto físico.
• Mostrar una preocupación excesiva por procedimientos estéticos como solución a inseguridades cotidianas.
UN CAMBIO DE CONVERSACIÓN NECESARIO
Quizá la pregunta ya no sea si la cirugía estética está sustituyendo a la dieta o al ejercicio. La verdadera cuestión es qué estamos enseñando a nuestros jóvenes sobre lo que significa cuidarse.
“Si el autocuidado siempre empieza desde la idea de que tu cuerpo no es suficientemente válido tal y como es, corremos el riesgo de convertir el bienestar en una carrera interminable por corregirse. Y cuando procedimientos médicos destinados a modificar el cuerpo se banalizan hasta parecer una decisión sin peso ni reflexión, deberíamos preguntarnos qué nivel de malestar corporal hemos llegado a normalizar como sociedad”, concluye Paula Gisbert.

Paula Gisbert es dietista-nutricionista y fundadora de Lanodieta, consulta online especializada en nutrición y psicología desde un enfoque integrador, compasivo y basado en la evidencia. Su trabajo se centra en la relación con la comida, la imagen corporal, los trastornos de la conducta alimentaria y la salud digestiva.


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